Casi dos horas para recorrer la excelente exposición del CCCB dedicada a 50 años del Paral·lel y con la sensación de que no nos la acabábamos. Un kilómetro de avenida que se diseñó con una sección de 50 metros, como la Diagonal del Eixample, y unas preciosas fachadas con pórticos de doble altura (normativas que apenas se respetaron), y que dio mucho de sí en cuanto se tiró la muralla porque concentró todos los espectáculos populares de principio de siglo, similares a los del Montmartre de París con variantes españolas y catalanas: escenarios ambulantes, circo, magia, teatros de variedades, zarzuela, couplé, drama, vodevil y musicales.
Lo que más impresiona es el enorme despliegue de recursos gráficos, fotos, carteles, revistas y coloreadas postales, más algunos objetos y delicados teatrinos, presentados en los ámbitos, a cual más interesante y variado. Muchas sorpresas en el dedicado al mercado del sexo como un desarrollo de la calle Conde de Asalto (Nou de la Rambla) de todas las actividades profesionales, número a número: casas de dormir, señoritas, sastres, mucho músico, y ni una palabra del recién construido Palau Güell, pocos años ocupado (imaginamos a la sra Güell, entre tanto vicio, queriendo marchar del barrio).
El Paralelo se vivía intensamente: los cafés se abarrotan y los teatros se llenan de obreros, soldados, y familias para pasar una tarde divertida, también son a veces, punto de encuentro de asambleas políticas, socialistas y anarquistas.
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| el desaparecido Teatro Español, hasta la bandera |
Antes de la visita, recomiendo el apunte sociólógico e histórico de Bereshit- Enric y la presentación de los comisarios, X Albertí y E Molner, que hablan de otros orígenes que conforman la identidad catalana y que debemos recordar en el presente.






